Subida del IVA

Vamos a ver. Que ya se que el IVA en España está bajo. Uno se da cuenta de ello cuando vas a cualquier tienda en internet que esté fuera de España y te ponen la página de los distintos tipos de IVA del resto de países comunitarios. Cuando haces click en el de España dices aquello de “podía ser peor”.

Pero subir ahora el IVA dos puntos, ¿es una medida acertada? Tengo mis dudas.

Esta semana comía con unos amigos y llegó una chica joven que trabaja con/para uno de ellos. Periodista, inteligente, culta, con puesto de responsabilidad en la empresa de desarrollo de proyectos para clientes. Vamos, un buen puesto (a priori). Se me calleron las pistolas al suelo cuando me dijo que a pesar de sus 17.000 euros al año que cobra, estaba contenta porque habían despedido a ocho y ella se quedó. Lo de los ocho casi ni lo oí. Me quedé en lo de 17.000 euros al año una licenciada con puesto de responsabilidad.

Cuando yo empecé a trabajar en 1999, es decir, hace 10 años, cobraba 160.000 pesetas al mes, que trasladado a anual y a euros son los 17.000 euros de ahora. También tenía un puesto de licenciado y con responsabilidad. El dato agregado es que el 60% de los trabajadores españoles cobra menos de 1000 euros al mes.

Todos sabemos lo que antes comprábamos con 1000 pesetas y lo que ahora se hace con 6 euros. Todos sabemos también que el nivel de cualificación que se ha exigido en los puestos de trabajo de nueva creación no ha sido precisamente el de licenciados  e ingenieros, ni siquiera el de especialistas. Es decir, la productividad tampoco ha crecido mucho. Todos sabemos que ese empleo que se creó está disminuyendo ahora por la crisis del ladrillo.

Bien, con estos mimbres, subir en dos puntos el IVA es empobrecer a la gente cerca de un 2%. Ya se que en época de vacas flacas hay que sacar el dinero de donde sea, pero ¿de que me han servido a mi y a ese 40% que cobramos más de 1000 euros al mes, los 400 euros del años pasado?, ¿son útiles esos 420 euros para la economía cuando gran parte de los que los van a cobrar trabajan en la economía sumergida?. Voy más allá, los pensionistas que cobran más de 1000 euros al mes, ¿por qué tienen las medicinas gratis y la compañera de trabajo de mi amigo no? Es más y mirando para casa, los hijos de mi amigo Ceferino que eran usuarios del autobus urbano y pagaban su transporte, ahora van gratis por ser menores de 13 años y creanme que mi amigo no cobra precisamente 1000 euros al mes.

Es más solidario universalizar la gratuidad de servicios o pagar en función de lo que uno gana en cada momento. Tal y como nos tiene controlado Hacienda, creo que es la hora de tener un serio debate ideológico sobre el coste de los servicios públicos y lo que  cada cual paga por ello.

La sanidad hoy peligra por los excesos de pacientes y personal sanitario y eso es el pilar fundamental de nuestro estado del bienestar junto a la educación y la prestación por desempleo.

Ni se me ocurrirá darle la razón a los neo-con de este país, pero sólo digo que ojito con cobrar a todos por igual y dar a todos por igual, que ni todos cobramos  lo mismo, ni todos tenemos la misma capacidad de poner la mano.

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Sobre los colapsos y las vías rápidas

Un amigo me ha enviado un link del blog de Manuel Conthe. Trata de tiempos de desplazamientos y la conveniencia o no de invertir en nuevas infraestructuras de alta capacidad.

Con este blog me he reafirmado de que en el tema del tráfico, siempre hay una alternativa para cualquier itinerario. Por ello, sigo pensando en que potenciar las plataformas reservadas para autobuses (es decir, los carriles bus) es fundamental para el transporte colectivo. Es más eficiente y sostenible en el medio y largo plazo.

No quiero soltaros hoy uno de mis “discursos”. Sólo me gustaría que pensarais en lo que nos cuenta Manuel Conthe sobre la “paradoja de Braess” y que reflexionéis sobre si, aunque introduzcamos en el sistema carriles bus, el tráfico final no se vería afectado.

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Zona azul vs Parking

Un comentario que le acabo de hacer a “uno de mis lectores” (parezco Juanjo Millás) me lleva a escribir este post.

Si tienes muchas plazas de zona azul en el centro y a un precio más que asequible, ¿qué incentivos hay para meter el coche en el parking directamente? Esta reflexión es fundamental para entender los atascos, las dobles filas, la no existencia de carriles bus y la sensación de caos.

En un calle de dimensiones normales donde hay aparcamientos en ambas aceras, sólo hay sitio para el automovil. Ni lo hay para el transporte colectivo ni para la carga y descarga.

Un ejemplo que todos los de Gijón conocéis: Marqués de San Estaban. Tiene cuatro parkings en sus inmediaciones. A hora punta de la mañana todavía puedes encontrar plazas libres en las primeras plantas de todos los parkings. Sin embargo, te encuentras a cientos de coches dando vueltas y más vueltas por las inmediaciones para encontrar un sitio para aparcar en zona azul. ¿Son estúpidos todos esos conductores? No. Lo que pasa que la zona azul cuesta a 1’40 euros las dos horas y en el parking esa cantidad la pagas por una sola hora. ¿Es que son muy caros los parkings? No. Lo que pasa es que la zona azul está demasiado barata porque hay demasiadas plazas a disposición y todavía, en más de media ciudad el aparcamiento en superficie es libre.

Me podréis decir: “este cabroncete lo que quiere es sacarnos los cuartos, justo ahora con la crisis”. Nada más lejos de la realidad. Lo que digo es que tener una ciudad accesible, limpia, cómoda y con menos ruido es incompatible con tenerla saturada de coches buscando aparcamiento en superficie.

Por ello, hagamos un ejercicio mental y pensemos en nuestro modelo de ciudad desde un punto de vista de la movilidad. ¿Está llena de coches por todos lados como en Marqués de San Esteban o en Río de Oro?

Los rectángulos son parkings
Los rectángulos son parkings

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Carriles bus

Uno no se da cuenta de la existencia ni mucho menos de la importancia de los carriles bus hasta que comienzas a utilizar el autobús en una ciudad donde no los hay.

Os propongo un ejercicio de imaginación. Cualquiera de nosotros que vamos a trabajar en nuestro coche, nos entra un ataque de civismo y ecologismo y decidimos utilizar el autobús para ir a trabajar porque estás cansado de estar en atascos todos los días, porque no te apetece seguir subvencionando a Repsol o por cualquier otra razón.

Vas a la parada, esperas tu autobús, te subes y… te metes en el mismo atasco que aguantabas en tu coche todas las mañanas. Además, tardas más tiempo porque el bus hace paradas y tu no las hacías. Conclusión: que le den al transporte público. Vuelvo al coche.

Supongamos ahora que vives en una ciudad en donde los autobuses van por carril propio sin compartirlo con el vehículo privado. Llegas a la parada, subes al bus y vas dejando atrás las caras de los que están atascados en sus coches privados mientras tu avanzas rápido hasta tu lugar de destino. Conclusión: al día siguiente vuelves a coger el bus.

Los carriles bus, para muchos diseñadores de tráfico son un incordio porque le quitan espacio al vehículo privado. Para los que saben de movilidad, el carril bus es una herramienta básica para que los autobuses vayan más rápido. Y esto implica muchas cosas: fomento del transporte colectivo de personas, mayor comodida en el transporte, mayor rapidez en los traslados de viajeros y mayor número de personas que se pasan del atasco al autobús.

La cara de tonto que se te queda cuando, estando en tu coche, llevas más de cinco minutos para recorrer apenas 100 metros y ves cómo a tu derecha un autobús tras otro pasan zumbando mientras tu te quedas con tu atasco.

Un dato, en Gijón,

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¡¡¡¡Necesito velocidad!!!!

Dos meses después de aterrizar en EMTUSA ya me queda claro el campo de juego y dado que me interesa mucho este partido, voy a dedicarle mi espacio al fregao este de la movilidad urbana.

Los que crecimos conscientemente en los años ochenta, tenemos una película grabada a fuego en nuestro recuerdo colectivo. Top Gun.

Ya se que algunos me diréis que menuda mierda de película y tal y tal. Pero a la mayoría de los que hoy andamos por encima de los treinta, se nos quedó aquello de “tengo uno a las seis, quítamelo de encima Máverick” y, por encima de todo lo de “¡¡¡¡Necesito velocidad!!!!” que decían Gus y Máverick antes de subir al F14.

Y todo esto a qué viene, me diréis, si lo que querías hablar era de movilidad y de EMTUSA. ¿Sabéis cuál es la velocidad media de un autobús de EMTUSA por Gijón? La escalofriante cifra de 13 km/h.

Sí, sí, 13 km/h, ni uno más ni uno menos. Alguno estaréis extrañado y sorprendido como me quedé yo cuando me lo contaron. La razón de esta baja velocidad media no es que nuestros conductores sean los más prudentes y “atortugados” del mundo. Son otras como que:

  • No hay carriles bus, por lo que los autobuses comparten caos circulatorio con los coches
  • Las paradas tienen retranqueo (esa especie de mordedura en la acera en donde entran los buses para coger y dejar viajeros), por lo que el autobús tiene que esperar a que los coches le dejen paso después de recoger a los viajeros
  • Los semáforos están puestos para que los vehículos no vayan rápido por temas de seguridad vial, por lo que los autobuses pierden mucho tiempo esperando a que abran los semáforos

¿A que ya lo vaís entendiendo, eh? Esto hace que entre la Calzada y el Hospital de Cabueñes, por poner dos zonas extremas, tardes tanto como entre la salida de Gijón y el antiguo peaje de Campomanes.

Pero también hace que tengamos que tener más autobuses dando servicio en cada línea para garantizar que puedas subirte a un bus cada 10-15 minutos, con el consiguiente gasto en la compra de más autobuses y en el pago de más nóminas.

Pasar de 13 km/h a 18 km/hora sería un objetivo fantástico para Gijón. Qué poco pides, me diréis. En verdad esto generaría un ahorro de costes tremendo y un descenso en el tiempo entre punto y punto tremendamente considerable.

Quedaos con esta copla y en próximos días os iré contando más sobre esto.

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La importancia de planificar

Llevo una semana en mi nuevo trabajo y ya me ha quedado diametralmente claro lo importante que es la planificación en la estrategia de gestión de una empresa.
El qué somos y a donde vamos es fundamental para cualquier ente que pisa este mundo, sea persona física o jurídica. Si además, cada acto que realices va a ser analizado por distinto tipo de lupas, más aun.
Lo que sí os puedo decir es que, una empresa, por mucho que sea pública, está a años luz de una administración pública. Y esto debería hacer reflexionar seriamente a todos.

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Cambio de rumbo

En este caso, más que una opinión sobre algún tema, voy a hablaros de mi. Para ser más exacto, de mi vida profesional.

Comentaros que dejo de trabajar como asesor político para pasar a la dirección de una empresa pública municipal. En concreto voy a ser el director de planificación estratégica de EMTUSA, la empresa municipal de transportes de Gijón.

Estoy tremendamente contento por dos motivos. El primero es que ya tenía ganas de pasar página. Diez años asesorando a políticos quema mucho. Es cierto que he aprendido mucho, pero también he tenido que dejar muchas cosas por el camino que me hacían más felíz de lo que soy hoy en día.

El segundo es que tenía muchas ganas de pasarme al ámbito empresarial (ya se que me voy a una empresa pública, pero empresa al fin y al cabo). Con el tiempo me he dado cuenta de que hay un tremendo gap entre la administración y las empresas. En la mayoría de los casos, simplemente, no hablan el mismo idioma.

Además tenía muchas ganas de cambiar porque, en una empresa, mientras ganes dinero, te van a poner menos pegas que en la Administración a la hora de hacer cosas nuevas (permitidme la ironía).

Hace diez años empecé a escribir un libro que doy por finalizado. Un sindicato y dos administraciones que llenaron las páginas de éxitos y fracasos, esperanzas y frustraciones y, por encima de todo, mucho trabajo.

El lunes 18 de mayo de 2009 iniciaré, no un libro, sino un site multimedia conectado a la red. Se en que nodo empiezo a caminar, pero no se donde me llevará. Lo único que se es que me llevará a todos los sitios en los que pueda estar. Y estaré ahí para quien necesite de mi.

Espero veros y colaborar con vosotros.

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Se me moderen, coño

¿Os habéis parado a pensar en la cantidad de dinero que se gastan los gobiernos en apoyar a las empresas? Y, ¿para qué? Un amigo que ha trabajado en banca a empresas hace años que me hizo un comentario de esos que se te quedan presente: ” las ayudas a las empresas, lo que están pagando en el fondo, son los beneficios esperados de aquellas que las solicitan y reciben”

Es evidente que es una generalización, pero me sirve para polemizar un poco, que es de lo que se trata, ¿no?

Resulta un poco chocante que en una crisis de liquidez originada porque los bancos se han metido en un problema tremendo (lo de las hipotecas basura y todo eso… aquí en España también), que no prestan dinero a nadie porque no se fían ni de ellos mismos, que se les conceden descomunales avales públicos para respaldar sus deudas, que el Estado se ve obligado a aumentar el mínimo de garantía de depósitos,… Y que a la vez, en el primer trimestre de este 2009, entre el Santander y el BBVA, obtienen unos beneficios superiores a 4.000 millones de euros. Curiosamente una cantidad sólo inferior entre un 4 y un 15% menos que el año pasado en donde había vacas gordas, respectivamente.

No soy especialista en Financiera y estoy absolútamente seguro que alguno tendréis una respuesta coherente para explicar todo esto. Pero creedme que a mi, por muy economista que sea, me rechinan los dientes.

Y me rechinan los dientes porque las empresas que producen bienes y servicios están teniendo problemas ocasionados por la confianza (la falta de ella) y, por consiguiente, la escasez de liquidez. En un sistema en el que la confianza era la moneda de pago -tu me haces un trabajo hoy y yo te pago a 180 días-, cuando ésta falta, falta el dinero. Probablemente habría que pegarle un tiro al legislador que no penaliza los pagos diferidos por encima de 30 días, pero eso es otra historia.

Por eso, que las empresas tengan problemas de dinero y las entidades financieras, que son las que atesoran el dinero de todos, obtienen beneficios aun cuando sus clientes están pasando las de Caín, me rechina.

Repito, explicaciones a esos beneficios las tiene que haber y supongo (estoy seguro) de que en el fondo eso va a fortalecer al sistema en el medio plazo, pero como diría el sargento Arensivia cuando la tropa perdía el decoro: “Se me moderen, coño”.

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¿Preguntas incómodas?

Estamos en medio de un pimpampum la mar de “divertido” dentro del mercado de trabajo español. Por un lado, los datos. Los crudos y fríos datos. El que haya visto a la ministra de Economía o al señor Corbacho comentarlos se habrá quedado tremendamente preocupado. Lo primero por los datos en sí, que son muy malos. Lo segundo, porque no estamos acostumbrados a que los políticos nos hablen con franqueza y en esta ocasión lo han hecho. No han ocultado lo preocupante del paro en España.

Por otro lado están los empresarios proponiendo un contrato indefinido no fijo de dos años de duración con una indemnización por despido de 8 días por año trabajado. Fijaos la sutileza del nombre “indefinido no fijo”. Fijaos además que, la indemnización que proponen equivale a medio mes de trabajo.

También están las empresas planteando ERE’s y despidiendo a gente como churros y sin problema aparente.

Mi amigo Javi, en su blog, ha destripado los datos del INE y nos dice que son los menores de 39 años los que están perdiendo su empleo.

Meto todo eso en una coctelera, lo agito y el resultado mete miedo.

Estamos en un país en el que los jóvenes (los menores de 40) tienen una estabilidad laboral precaria. ¿Qué quiero decir? Pues que o concatenan contratos eventuales o están en fraude de ley por sucesivos contratos de obra o servicio o porque hace pocos años que tienen un contrato indefinido. Esto hace que la empresa pueda prescindir de ellos en cualquier momento y por cuatro duros. Normalmente, si es mujer y es indefinida, habrán cobrado subvención por su contratación que, con toda seguridad será en una cuantía superior a la de la indemnización por despido en caso de que decidan prescindir de ella en cinco o diez años.

Vamos, que las generaciones mejor formadas de este país, además de cobrar cuatro duros, son los primeros que se van a la calle porque es muy barato y sencillo prescindir de ellos.

¿Por qué nadie se platea seriamente que si tenemos unos niveles de desempleo tan altos, la desorbitada temporalidad puede ser una causa fundamental?

En los países donde el desempleo es más bajo y las tasas de empleo más altas, la temporalidad está por debajo del 15%. En España, la temporalidad supera el 30% y todos sabemos el grave problema de desempleo que “periódicamente nos visita”.

¿Por qué no llamamos a las cosas por su nombre en este país? ¿Por qué los empresarios piden flexibilizar más el mercado de trabajo si se comprueba que el despido libre (de mil y una forma enmascarado), existe de facto en nuestro país? ¿Por qué los jóvenes españoles formados trabajan en otros países en igualdad de condiciones que los jóvenes formados foráneos y aquí se les denosta pagándoles sueldos bajos, contratos eventuales y facilidad para prescindir de ellos?

Pero claro, si nos hacemos preguntas de este tipo, también nos tendríamos que preguntar el porqué el coste de construir un piso de 80 metros cuadrados en zonas medias de nuestras ciudades es de 60.000 euros o por qué un periódico o un café costaban 100 pesetas y al año siguiente comenzaron a costar un euro.

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La confianza como arma económica

La verdad es que escuchando estos días atrás a Miguel Ángel Fernández Ordoñez (MAFO para los amigos… los suyos), uno se pone nervioso de primeras. No se si habéis escuchado sus palabras, pero resumiendo mucho decía que a la caja de la Seguridad Social se le están “acabando los ahorros”. Esto le hace proponer medidas como el retraso de la edad de jubilación y una reforma laboral que, todos los que nos dedicamos intelectual o profesionalmente a estudiar el mercado de trabajo reclamamos. Eso sí, no todos reclamamos los mismos cambios.

Pero mi reflexión no va encaminada a la reforma del mercado de trabajo ni a una revisión de los Pactos de Toledo. Vamos, esos pactos en los que se garantiza la pensión de los que hoy están a punto de jubilarse. Mi reflexión va por otro lado: la confianza.

Una de las armas más potentes que hay en Economía es eso, la confianza. Si el cliente no se fía de su panadero, no le comprará pan y si el que le vende la harina al panadero no se fía de que le vaya a pagar al vencimiento de los plazos estipulados para pagar, no le venderá la harina. Por lo que el “harinero” no podrá colocar su mercancía en el mercado, el panadero no podrá producir ni vender y el consumidor final, aun teniendo dinero, no podrá comprar el pan.

En este razonamiento tan abrumadoramente simple, se esconde uno de los pilares de la crisis que estamos viviendo ahora. Los bancos no prestan dinero porque no se fían de que se los vayan a devolver.

Pues bien, en este clima de desconfianza tan importante, hay responsables políticos (porque el Gobernador del Banco de España es un cargo político) que se dedican a “ilustrarnos” con perlas como las que os comentaba al principio.

No soy de los que opino que mejor no saber que saber, pero mi pregunta es si todo el mundo está preparado para asimilar en toda su complejidad lo que el Gobernador del Banco de España dijo estos días. No porque la gente sea imbecil, que no lo es, sino porque las palabras de MAFO llegan a las personas por medio de los medios de comunicación que filtran sus palabras y las interpretan. Y como lo que ahora vende en el mundo informativo es la crisis, pues “más madera que esto es la guerra”.

Por ello, mi reflexión va más enfocada hacia quien habla y no hacia quien escucha. Algunos políticos que salen de la universidad o del mundo exclusivamente técnico, les hablan a la opinión pública como si todo el mundo fueran colegas suyos de profesión. Vamos, personas capaces de interpretar todos los matices de lo que una personalidad de estas dice o suele escuchar.

Esto hace que la gente de la calle no les entienda o les entienda mal generando así más desconfianza en el conjunto del sistema. Lo que menos necesitamos en un momento como este.

Cuando mi padre escucha al Gobernador del Banco de España decir que se está agotando el superávit de la caja común de la Seguridad Social, se pone a temblar porque ve peligrar su jubilación que tiene a la vuelta de la esquina (cuando el que debería estar preocupado por su jubilación soy yo y no él).

¿Os acordáis del “España va bien” que a fuerza de repetirlo, hasta la cajera del Alimerka se compró un BMW? Aquello fue una campaña de comunicación masiva que apoyado en la burbuja inmobiliaria que se estaba creando causó una sensación de euforia generalizada en la economía española. Euforia que, en parte, hoy estamos pagando.

La cuestión no es proclamar a los cuatro vientos que tu sistema económico es la repera ni tampoco decir continuamente que esto es un desastre. Por ello, quienes tienen la responsabilidad de gobernarnos deberían ser un poco más humildes y modestos y hablar para que les entendamos todos, sabiendo que sus palabras nos llegarán por medio de Internet, los periódicos, las emisoras de radio o los canales de TV.

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