Esta mañana, antes de ponerme a trabajar algo, me conecté al WordPress para ver las estadísticas de visitas. Cada uno tiene sus perversiones. Pude comprobar algo muy interesante. Las visitas y lecturas de mi blog, que se han mantenido constantes a lo largo de la semana, han comenzado a caer el viernes por la tarde.
Conclusión. O lo que he escrito estos dos últimos días es una mierda (¡PERO SI AYER COLGUÉ UN VIDEO Y TODO!) o la gente lee mi blog desde el trabajo.
Para no destrozar mi ego, que he de reconocer que no es pequeño, quiero pensar que es lo segundo. Y ello me lleva “al tema”, la productividad. La gente pierde su tiempo en el puesto de trabajo a diario y esto es una tremenda sangría para la economía asturiana y española. La razón no es única, pero sí hay un gran problema de mentalidad de quienes organizan el trabajo de las personas. Todavía se cree que por estar más horas en el puesto de trabajo se va a trabajar más. Todavía se cree que a todo el mundo nos gusta trabajar entre las cinco y las siete de la tarde. Todavía se cree que tener a la gente estabulada entre cuatro pareces va ha hacer que la empresa o la administración de turno va ha producir más o prestar un mejor servicio.
A mi me gusta trabajar muy temprano por la mañana hasta las 13:00 y me gusta trabajar en las horas que van entre las 15:00 y las 17:00. Sin embargo se me pide que esté de 8:45 a 14:30 y de 16:30 a las 19:00. ¿Por qué? Para tenerme controlado en mi puesto de trabajo. Y eso que yo entro en la categoría de “dirección”. Osea tía, de risa.
En este país, o se hace un análisis serio de cómo trabajamos las personas, o seguiremos tirando el tiempo y el dinero por el desagüe.