Ayer ganó Fernando Alonso en Singapur en un gran premio nocturno la mar de chulo. Por encima de que pasé las últimas 13 vueltas sentado en “el cantu’l sofá” mordiéndome las uñas y saltando de alegría al verle pasar primero por meta, me quedé impresionado con la espectacularidad del circuito. Una ciudad con unos edificios impresionantes, un montaje audiovisual de la leche, una iluminación impactante y todos los adjetivos superlativos que le quieras seguir poniendo a lo que vimos en la tele.
Pero la cuestión. ¡TREMENDO DESPILFARRO DE RECURSOS! y sólo por el capricho de ser la primera carrera de noche en la F1. Es decir, estamos todos clamando por reducir las emisiones de CO2 para frenar el cambio climático, con aquello de que la mejor electricidad es la que no se gasta, que hay que ir en tren o en autobús al trabajo para contaminar menos,… y a estos ricos asquerosos se les ocurre gastarse en tres días la mitad del presupuesto anual de mi ayuntamiento.
Un dato. El gran circo de la Fórmula 1 en 2005 se gastó en esa temporada 2.350 millones de euros. Para hacer una comparación, el conjunto de universidades españolas se gastaron en ese año 2.900 millones de euros en I+D+i.
Me encanta la fórmula 1 y el deporte del motor en general, pero esto es un lujo que me parece tan excesivo que no tengo palabras. Por cierto, Renault, la escudería de Fernando Alonso, este año ha empezado a despedir a cientos de trabajadores por la crisis económica. Igual los directivos de la compañía gala les dedican la victoria de ayer.