Estamos en medio de un pimpampum la mar de “divertido” dentro del mercado de trabajo español. Por un lado, los datos. Los crudos y fríos datos. El que haya visto a la ministra de Economía o al señor Corbacho comentarlos se habrá quedado tremendamente preocupado. Lo primero por los datos en sí, que son muy malos. Lo segundo, porque no estamos acostumbrados a que los políticos nos hablen con franqueza y en esta ocasión lo han hecho. No han ocultado lo preocupante del paro en España.
Por otro lado están los empresarios proponiendo un contrato indefinido no fijo de dos años de duración con una indemnización por despido de 8 días por año trabajado. Fijaos la sutileza del nombre “indefinido no fijo”. Fijaos además que, la indemnización que proponen equivale a medio mes de trabajo.
También están las empresas planteando ERE’s y despidiendo a gente como churros y sin problema aparente.
Mi amigo Javi, en su blog, ha destripado los datos del INE y nos dice que son los menores de 39 años los que están perdiendo su empleo.
Meto todo eso en una coctelera, lo agito y el resultado mete miedo.
Estamos en un país en el que los jóvenes (los menores de 40) tienen una estabilidad laboral precaria. ¿Qué quiero decir? Pues que o concatenan contratos eventuales o están en fraude de ley por sucesivos contratos de obra o servicio o porque hace pocos años que tienen un contrato indefinido. Esto hace que la empresa pueda prescindir de ellos en cualquier momento y por cuatro duros. Normalmente, si es mujer y es indefinida, habrán cobrado subvención por su contratación que, con toda seguridad será en una cuantía superior a la de la indemnización por despido en caso de que decidan prescindir de ella en cinco o diez años.
Vamos, que las generaciones mejor formadas de este país, además de cobrar cuatro duros, son los primeros que se van a la calle porque es muy barato y sencillo prescindir de ellos.
¿Por qué nadie se platea seriamente que si tenemos unos niveles de desempleo tan altos, la desorbitada temporalidad puede ser una causa fundamental?
En los países donde el desempleo es más bajo y las tasas de empleo más altas, la temporalidad está por debajo del 15%. En España, la temporalidad supera el 30% y todos sabemos el grave problema de desempleo que “periódicamente nos visita”.
¿Por qué no llamamos a las cosas por su nombre en este país? ¿Por qué los empresarios piden flexibilizar más el mercado de trabajo si se comprueba que el despido libre (de mil y una forma enmascarado), existe de facto en nuestro país? ¿Por qué los jóvenes españoles formados trabajan en otros países en igualdad de condiciones que los jóvenes formados foráneos y aquí se les denosta pagándoles sueldos bajos, contratos eventuales y facilidad para prescindir de ellos?
Pero claro, si nos hacemos preguntas de este tipo, también nos tendríamos que preguntar el porqué el coste de construir un piso de 80 metros cuadrados en zonas medias de nuestras ciudades es de 60.000 euros o por qué un periódico o un café costaban 100 pesetas y al año siguiente comenzaron a costar un euro.
5 comentarios
Abril 26, 2009 a las 4:40 am
Esta vez te voy a llevar un poco la contraria Rober. En mi opinión, que no tiene por qué ser la buena, la ausencia de una auténtica reforma laboral es una de las causas de que España mantenga una tasa de paro superior a la de su entorno. Existen otras causas claro ésta, pero que el salario real existente en la actualidad no permite vaciar el mercado es algo que no debería ser objeto de discusión. Otra cosa es que nos guste (a mí no desde luego).
Y es que hasta el año pasado hemos disfrutado de una situación anómala en la que una enorme franja de población con un nivel formativo inadecuado y con dificultades para encontrar empleo en condiciones normales, no solo ha podido tener acceso al mismo sino que también ha podido disfrutar de un “elevado” salario en el sector de la construcción.
Pues bien, esto era algo que sólo podía durar en tanto en cuanto estuviéramos cegados por la ilusión colectiva de la revalorización continua del ladrillo, pues esas elevadas remuneraciones que estábamos dispuestos a pagar no procedían realmente de nuestras propias rentas sino que debíamos de acudir a los préstamos concedidos por los ahorradores alemanes.
Actualmente tenemos de regreso ese paro estructural, formado por trabajadores de bajo nivel educativo y con grandes dificultades para encontrar empleo a salarios inferiores como consecuencia de la rigidez salarial existente.
Y aunque una política fiscal expansiva es algo realmente necesario, resulta imprudente que no vaya acompañada de medidas encaminadas a reducir los salarios reales. Que sea a través de una política de rentas o mediante una reforma laboral es irrelevante.
Desgraciadamente, creo que ya hemos perdido la oportunidad de apostar por la educación y por la productividad para resolver el problema del desempleo masivo.
Un saludo.
Carlos.
Posdata: resulta interesante mirar al sistema de “Flexy-security” danés que tan buenos resultados parece haberles dado combinando a)flexibilidad salarial, b) decididas políticas formativas y c) una muy alta protección social.
Abril 26, 2009 a las 4:47 am
Despues de leer lo que he escrito, dudo de que se me haya entendido algo. Aunque sólo sea un poco… es que hay veces que me explico…
Un abrazo compadre.
Carlos.
Abril 27, 2009 a las 11:53 pm
Estoy totalmente de acuerdo en lo de la reforma laboral. Visitar la web de moda en estos días y sobre estos temas (www.crisis09.com) es una buena referencia últimamente.
De este problema, hay un tema que me preocupa. En estos años de boom inmobiliario, un albañil o un peón del metal, han estado ganando unos sueldos muy por encima de su productividad por la simple cuestión de que eran actividades que estaban en fase alcista. A la par, los niveles salariales de muchos licenciados de este país han hecho que se acuñara el término de “mileurista”.
Ahora, que el “boom” de la construcción y el metal ha hecho “cataboom”, los salarios se acomodarán a un escalón inferior. El problema es que el nivel de precios general se ha acomodado al salario de un albañil “acomodado” y no de un licenciado “mileurista”, y ese panorama es el que nos va a tocar lidiar a partir de ahora.
Gracias por compartir tus reflexiones conmigo.
Abril 28, 2009 a las 10:52 pm
Me parece que había captado malamente el espíritu de tu última aportación, así que me alegro que estés de acuerdo con un tema con tan mala prensa como es la reforma laboral. Y es en verdad una cuestión difícil pues cada vez que se menta no puedes evitar que te catalogan como ultraliberal irredento. Y sin embargo, el PSOE ya hizo una reforma de calado en el 93-94.
Pero lo que últimamente me está inquietando (cosas de la edad) es que a diferencia de la crisis de inicios de los 90, el gobierno ni siquiera esté insinuando medida alguna en este sentido. Esperemos que sea porque todavía no ha llegado el momento.
Salu2
Mayo 3, 2009 a las 8:26 pm
Es fundamental una reforma laboral para dar coherencia al mercado de trabajo español que sigue siendo un sin Dios.
Ahora bien, puedo entender que el gobierno tenga miedo de abrir ese melón en un momento en el que la clase trabajadora está en una situación débil y en donde la necesidad de trabajar puede llegar a ser superior a la defensa de sus derechos como trabajadores y personas.
Es complicado, pero de todas formas, es imprescindible acometarla tarde o temprano.
Y por cierto, decir lo que tu y yo decimos no es de ultraliberal. El problema de la izquierda de este país es que confunde términos. Decir que un director debe cobrar mucho más que un auxiliar administrativo no es ser un facha, es ser realista con el trabajo, la capacitación y la responsabilidad de cada uno. Si no, que se vayan a Cuba y les pregunten a los miles de licenciados que aun pudiendo no quieren trabajar porque a un médico y a un celador se les paga lo mismo.